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Baudolino
nació de una rica y noble familia en Villa del Foro, centro románico
en las afueras de Alessandria y desde su juventud llevó una vida
simple y sobria y a la muerte de sus padres dejó todos sus bienes
a los pobres para vivir en soledad y meditación en los frondosos
bosques de los alrededores.
Muy pronto la gente de Foro lo consideró un Santo por algunas
curaciones, consideradas milagrosas, y su fama se difundió rápidamente.
Un día, mientras el rey Liutprando estaba de caza en los alrededores
de Marengo, lugar cuya celebridad creció gracias a la labor de
Napoleón, uno de sus cortesanos, un poco torpe al tensar el arco
contra un ciervo, hirió gravemente a Ansulfo, niento del rey.
Immediatamente el rey desesperado, mandó a llamar a Baudolino,
que aún antes de que los mensajeros reales, que habían acudido
a verle, pronunciaron, siquiera una palabra, dijo que cada intervención
suya sería inútil, puesto que Ansulfo ya estaba muerto. Los enviados
del rey regresaron a Marengo y supieron que Baudolino había dicho
la verdad. La fantasía popular asignó a Baudolino otro extraño
milagro. Una gran cantidad de ocas (u ánades) salvajes, bajadas
en los campos de Foro, amenazaba destruir los productos de la
tierra.
Los habitantes después de haber intentado, en todas las maneras,
alejar aquel flagelo, llamaron en auxilio el ermitaño, y fue suficiente
un simple gesto para que los importunos volátiles abandonaran
la zona.
Según se dice en 1740 muerto Baudolino, fue sepultado en Villa
del Foro.
Al ser erigida Alessandria, y al ser designado como patrono de
la ciudad, se construyó en su honor, una iglesia en la que se
trasladaron sus restos en torno al año 1180.
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